Sazón yucateco en el Villa Mercedes

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La temperatura bajo sombra alcanza 39 grados centígrados y la humedad se escurre entre los dedos al llegar a la ciudad de Mérida. Sin embargo, basta cruzar las puertas del Hotel Presidente Intercontinental Villa Mercedes, ubicado en la avenida Colón, para sentir una caricia de aire fresco en la frente y ceder al impulso irresistible de detenerse, cerrar los ojos y prolongar el momento unos segundos.

Sobran opciones para iniciar una aventura en la capital yucateca, pero la tentación de mantenerse al resguardo del calor, así sea un par de horas más, conduce a una nueva experiencia en la propiedad, esta vez, en el lobby bar.

Detrás de la barra, Gaspar Herrera, ameno cantinero, recibe a sus invitados con gusto para conducir una clase de coctelería que promete descubrir los secretos de la que, asegura, es la bebida más exótica de esta ciudad yucateca: la margarita pibil.

Frente a su selecta concurrencia, Don Gaspar comienza a mezclar una serie de ingredientes que parecen formar parte de un recetario de cocina, entre ellos, el concentrado de achiote y la naranja agria. Después agrega controy y tequila, y tras agitarlo todo al estilo característico de los bartenders, deposita la preparación en una copa martinera escarchada con limón y sal.

La bebida alienta la búsqueda de nuevas aventuras culinarias y conduce a una clase de cocina en el restaurante Stephens, esta vez, de la mano del sous chef del hotel.

Aquí los huéspedes más curiosos aprenderán a preparar un platillo típico de la región que suele disfrutarse como botana: es el Dzikil Pak, dip preparado con tomate, pepita de calabaza, naranja agria, cebollín, cilantro y cebolla. La clase es interactiva y al concluir suma adeptos a un platillo tan delicioso como adictivo.

De noche, una caminata en el popular Paseo de Montejo habrá de sellar el enamoramiento con la capital yucateca a medida que se admiran los detalles de sus casonas palaciegas y se disfruta un sorbete de coco, mamey o pitaya.

El regreso al hotel, horas más tarde, habrá de proveer de nuevos mimos y sorpresas; después de probar el lechón y la cochinita pibil que sirve el buffet de esta propiedad y tras haber elegido como postre unas bolitas de queso que recomendación del mesero, habrán de convertirse en el souvenir perfecto al llegar a casa.

  • Fuente: El Economista

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