Roberto Balderrama

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Su familia era la propietaria de un hotel llamado Santa Anita, en Los Mochis, y por azares del destino inició su camino por el medio de la hotelería operando dicho inmueble, que dicho sea de paso era el más grande desde Tijuana hasta Guadalajara con 118 cuartos en 1958.

Cuando notó que el proyecto de establecer hoteles en lugares inhóspitos podría funcionar a pesar de las dificultades, no se equivocó y su gran acierto fue la construcción de hospedaje formal en la Sierra Tarahumara, en Chihuahua; y más tarde otro hotel en El Fuerte, Sinaloa: se trató de la Posada de Hidalgo. Cuando todo el mundo podría pensar que era una locura, llegó el desarrollo del Tren Chihuahua-Pacífico que, aunque fue planeado para fines estrictamente de carga, fue el verdadero detonante turístico. Balderrama no se había equivocado.

Para él, su mayor premio han sido sus hijos, pues así lo asegura, aunque su ciudad, los Mochis, ha sido una catapulta de progreso al llevar la actividad del turismo y generar empleos. Entre sus triunfos hay que destacar la edificación de importantes hoteles como el San Luis Linda Vista, en Culiacán, Sinaloa; Cabo Surf, en San José del Cabo; y el Mirador, en Cañón del Cobre.

Un detalle natural de su personalidad es que sus hoteles cuentan con bellos jardines con árboles frutales de todas partes del mundo, de los cuales se aprovecha su fruto para elaborar postres y platillos. Balderrama señala que se debe a su filosofía de apreciar y cuidar el medio ambiente.

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